Antes que las naves

Antes que las naves del corsario arrasen con mi puerto, tomaré mi saco de dormir, el cepillo de dientes, tu fotografía y partiré a recorrer los caminos agrestes de tu campiña, buscando el árbol que nos cobijó aquella noche de nuestro encuentro, buscando el arroyo que nos ayudó a despertar y sació nuestra sed, buscando el nido abandonado de aquellos pichones recién nacidos de la alondra que con trinos vistió de arpegios nuestro amanecer; buscando bajo las piedras del camino las palabras que aquella noche no encontré, cuando quise escribir mi mejor poema en la albura y tersura de tu piel.

Y espero que el tiempo me acompañe, que el frio no congele mis falanges escritoras, que los baches y piedras del camino no me hagan tropezar y caer; y que el viento del norte no entorpezca el caminar por los senderos de tu tierra.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Aún tengo mucho que aprender



Hay algo que el tiempo…
con sus años nunca me ha enseñado,
pues sin pensarlo ni quererlo, me sigo enamorando.
¿A quién culpar?
¿A la razón o al corazón?

¿Qué tiene o quiere la mente?
¿Qué pretende ese músculo en el pecho?
Imposible saberlo, si el corazón  solamente es una bomba
y la mente es un complejo inexplicable de razones sin razón.
Ninguno puede incidir en los dictados sensoriales y ancestrales,
que marcan el ritmo, los compases, los deseos y los absurdos del amor.

El amor está en el aire, en una mirada o en simplemente una palabra.
Está en el aroma de una flor y en el olor que brota por los poros de una piel.
Está en los caminos, en los cuadernos, está en las palabras que se escriben
con pluma de hombre o de mujer y tinta destilada de una coincidencia.
Está donde no se busca ni se espera porque solo es un capricho del trayecto.

Me doy cuenta que el tiempo de mis años ha sido mezquino en su enseñanza.
Quizás ha dejado que yo aprenda a través de los inviernos y los baches del camino,
a no buscar en espacios elegidos, pues puede estar en cualquier lugar insospechado.
Puede estar en la vereda del frente o en un extremo de otro continente,
en el asiento vecino del tren del destino, o escondido entre las letras de un poema.

Pero con esto, aquello y con todo, sabiendo o aprendiendo, me sigo enamorando.

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